El otro Día de la Madre.
¿De verdad y en serio hay hijos que regalan planchas, licuadoras o cualquier tipo de electrodoméstico hoy en día? ¿En serio?

Por allí se sabe también de los que regalan sartenes, vajillas de cerámica, juegos de cubiertos y cosas por el estilo, o los que llevan rosas, chocolates y cantan canciones muy al estilo “en una casita Chiquita y muy blanca”…

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Y cuando uno que es mamá ha tenido que vivir alrededor de 20 días de las madres con las típicas canciones, los dulces y las flores y que aunque tengás 25 años te has tenido que aguantar que te llamen “Madrecita”; te das cuenta de que mucha de la responsabilidad de ese derroche de “dulzura” en el Día de la Madre la tiene la publicidad, y otra parte probablemente tiene que ver con la tradición del salvadoreño – hombre – y el estereotipo que él mismo ha construído acerca de la madre y que la misma publicidad ha venido reforzando.

Porque a estas alturas de la historia, todavía vemos en los comerciales de television a la típica mamá lavando ropa, planchando, cocinando, atendiendo a los hijos; eso sí, siempre bien vestida, maquillada y arreglada. Y, conste, no quiero decir que está mal que la mamá cocine o atienda a los hijos, yo soy mamá y me encanta hacer ambas cosas. Lo que quiero decir es que el rol de la madre ha cambiado en los últimos años, ha cambiado mucho, y de ser la Madrecita en aquella casita Chiquita y muy blanca, hemos pasado a ser mujeres que trabajan y aportan de la misma manera al hogar.

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Y esto se traduce un montón a cómo ha cambiado o debería cambiar el estereotipo de la madre, – conozco pocas (o ninguna) mujeres-amigas-madres que realmente estén esperando una plancha licuadora como regalo en “su día” -. Depende de cada una, pero a mí, por ejemplo, regálenme libros, vinyles, un buen perfume que huela a cítricos, una buena botella de vino. O regálenme un día libre, o un desayuno en la cama… Una mamá moderna –según una pequeña encuesta hecha en Facebook- ni siquiera espera un regalo físico. Hay para quien el mejor regalo es la felicidad de su hijo, otras quieren salud, 24 horas de regalo solo para ellas, alguien que le haga todas las tareas de mama ese día; para los que ya están lejos, solo basta con una llamada, o el orgullo que siente cuando habla del hijo, o el solo hecho de verlos esforzándose para encontrar el mejor regalo, otras quieren un café con las amigas. Está tan claro: nadie pidió ni licuadora, ni planchas, ni microondas.

Creo que nadie ha entendido este asunto de la madre como los señores de – valga la redundancia – Madre, argentina. Quienes desde hace varios años perfilaron a la mamá de la vida real: divertida, imperfecta, realista; para su marca Lucchetti

Luccheti tiene alrededor de 5 años de estar montado en la misma plataforma, y de una forma simpática y divertida – nosotros vemos la “serie” con mi hijo de 13 años y no paramos de reír – retratan a la nueva mamá, a la nueva familia, a los nuevos hijos.

De cómo llegaron a esa estrategia, lo pueden ver en su video del Caso Luccheti, aquí:

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